Siestas de tres horas preceden noches en blanco... y viceversa. El calor reduce considerablemente mis horas de actividad. En verano es conveniente despertar pronto, ya que al pasar las horas la voluntad se reduce y el cuerpo busca la horizontal sistemáticamente, al punto que gran parte de la energía de una se va en mantenerse en pie y con los ojos abiertos. El hambre también se achica, mientras que la sed aumenta... al principio era un consuelo, pensé que adelgazaría al menos una parte de los 10 kgs. que me sobran... pero no, bien sabe Dios que no adelgacé ni un gramo. La báscula me la regaló un amigo que dejó de ser mi amigo tan pronto como se emparejó con una mujer celosa, con quien ya se ha casado y bien que me alegro... y no porque me alegre la felicidad de otro; "Schaudenfreude" le dicen; el término alemán para definir la emoción de alegrarse por el mal ajeno. Es tortuoso soportar a una pareja celosa; agotador resistirse a dar explicaciones para demostrar una inocencia de la que el otro no se convence jamás: los argumentos deshilachados dejan lagunas dignas de sospecha; los argumentos perfectos resultan sospechosos. Ceder al deseo del otro genera una cuerda cada vez más gruesa, más fuerte y más corta. No hacerlo a la fuerza traerá conflictos difíciles de resolver. A lo que iba: mi cuerpo se resiste a perder peso; se diría que una fuerza sobrehumana (puede que genética) le mantiene en su peso a fin de conservar energía y grasa suficiente como para sobrevivir a hambrunas venideras. Si nos ponemos a rebuscar y a generar teorías sobre por qué motivo alguien a quien durante décadas apodaron "la flaca" lleva años hinchada y redonda, se podría afirmar (y no sería disparatado hacerlo) que la falta de atractivo me garantiza evitar situaciones incómodas como rechazar a otras personas; o sentir que quien se acerca a mí sólo me quiere follar.
Cuando el cuerpo está cansado y la mente permanece activa, se vienen los pensamientos, las ideas y los recuerdos a hacer debate y lo mismo invento una máquina de emparejar calcetines que busco explicaciones a eventos pasados o simplemente saboreo los recuerdos como si todo hubiera sucedido a cámara lenta... curiosa sensación en un momento vital en el que me parece que el tiempo pasa demasiado rápido.
Las noches en blanco preceden a siestas largas. Y a las tres de la tarde mi cuerpo y yo sabemos que tumbarse ahora sería despertar a las seis o a las siete. También sabemos que no hay energía para un paseo y mucho menos para concentrarme en nada que tenga que ver con el trabajo. Lo que sigue a estas líneas yo ya me lo sé. Si cierro unos segundos los ojos puedo ver claramente cómo me dirijo al sofá, enciendo el e-book y me pico con "El tiempo entre costuras" buscando las diferencias con la serie. Que Dios me perdone pero, sin que sirva de precedente: la serie está mejor que el libro. Hala, ya lo he dicho. Mejor hilada, mejor argumentada. El libro está bien ¡ojo! pero la serie está mejor.
Dicho esto haré un último esfuerzo por mantenerme despierta lo suficiente como para poner una lavadora, fregar los platos, ducharme... puede que me espabile... también puede que me toque el cupón. Creo que las probabilidades son las mismas. Por cierto. Voy a mirar si soy rica.
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sigo siendo pobre. Es lo que hay.
Aunque sea media tarde, ¡A las buenas noches!
Mi vida
Hola me llamo Ángel Delgado y este blog voy a escribir lo que me de la gana. Lo hago ya que la única vez que me quejé del cole en mi canal de youtube llamaron a mi madre para eliminar el video ya que decía verdades como una casa y eso a mis profes les molestaba, y salieron los ofendiditos a hecharme mierda pues aquí escribiré mis pensamientos y groserias sin que me importe la opinión de nadie. Espero que las personas que lo lean sean abiertas de mente y no se pongan como locos a heitearme.
domingo, 19 de agosto de 2018
domingo, 12 de agosto de 2018
Se acaba el domingo y se acerca el sueño sin haber logrado (ni haberlo intentado siquiera) sacarle al día provecho alguno, más que haber leído entre ayer y hoy la mitad de "El tiempo entre costuras" de María Dueñas. Tan picada andaba con la lectura que pasé por alto mi cotidiana siesta, obvié el hambre hasta que me sonaron las tripas y el dolor de cabeza. Sólo de cuando en cuando mi cuerpo exigía su lugar en mi tiempo, exigiendo beber, comer o evacuar. Pasé el domingo leyendo una novela por la que he pagado tres veces y cuya serie televisada habré visto ya casi diez veces, incluso pagando la cuota en Atresplayer hasta que, descaradamente, sin piedad, sin aviso previo, fueron suprimiendo uno a uno los capítulos y no pude verla más.
La adquirí de nuevo, esta vez gratuitamente, para estrenar el e-book que me regaló mi hermano y ahí me tienes, haciéndome a esta nueva forma de leer libros, imaginando el sonido al pasar las páginas y echando de menos oler de cuando en cuando el libro. Y es que a mí los libros me gusta leerlos, pero también acariciarlos, olerlos y escucharlos. Reconozco que no me costará mucho acostumbrarme a este maldito cacharro, del mismo modo que me acostumbré a usar el microondas por más que disfrute esperando ver subir la leche y me encante el sonido de sus burbujas rozando el metal y contemplar divertida la huida hacia arriba del líquido blanco.
A pesar de conocer el argumento de sobra, yo que pensaba que también la había leído, resulta que no... o no la leí, o ya la olvidé, como había olvidado la sensación de picarse con un libro hasta el punto de lavarme los dientes con él en la mano (aunque no sea un libro de verdad). Hacía años que un libro no me arrancaba de casi todo de esta manera, como cuando El origen perdido, de Matilde Asensi, me retuvo en un bar en el que empecé tomando una caña y acabé tomando café; o cuando "Olvidado rey Gudú" de Ana María Matute fue el culpable de que se me pasaran nada más y nada menos que cinco paradas de metro.
Y ahora no quiero irme a dormir; quiero seguir leyendo y asomarme de vez en cuando al balcón para mirar al cielo, como todos los años, esperando ver una estrella fugaz que me conceda deseos. También quiero chocolate... y galletas... pero no tengo galletas... pero tengo chocolate... y tengo sed
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tampoco queda agua; no queda leche. Queda una lata de refresco llamado "Tranquini", que creo que me costó 20 céntimos en la tienda de oportunidades. Tranquini... lleva un mes en la nevera y hasta ahora no había reparado en su nombre. Compré dos latas, lo probé y no me gustó. Pero ahora me está encantando. Me pilla con sed atrasada y ganas de comer algo dulce. Y es que si cenas a las siete a las doce te entra un hambre de mil demonios.
Y ahora es cuando reparo en lo que me estoy bebiendo. Una bebida en la que sobre la marca reza "relax, be positive, good happens" y debajo de ella "positively relaxed". Los ingredientes escritos en letra diminuta de color rojo sobre fondo naranja no se dejan ver, así engurruña una los ojos como si le estuviera dando en ellos el feroz reflejo del sol sobre un espejo... que no, que no puedo verlos. Pero, eso sí, pone en letras legibles que tiene ingredientes naturales, cero colorantes artificiales, conservar frío y azúcares reducidos. Pues bueno. Lo que no mata engorda.
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Yo no sé si lo que la bebida promete es cierto o no, pero ahora mismo estoy divinamente, aquí, viendo "El ministerio del tiempo" con mi cigarrillo, mi refresco, mi domingo improductivo, no tener frío, no tener calor, ni molestia, ni dolor... esto es el paraíso en la tierra.
Ahora no sé si iré a dormir, a ver estrellas o a seguir leyendo... posiblemente pase de una actividad a otra, tal vez me de por ponerme a trabajar, limpiar o planchar... no lo sé. No me importa. Pero, como dicen en mi tierra "cuando el culo duele de estar sentao, es hora de levantarse" (no lo dicen, me lo acabo de inventar, pero lo mismo lo patento)
A las buenas noches
martes, 19 de junio de 2018
Hoy es mi primera noche de verano... aunque técnicamente todavía no sea verano. Lo noto por los insectos que pululan sobre la pantalla del ordenador mientras saco un pie bajo las sábanas porque una prima mía me dijo que así se podía dormir cuando al taparse te daba calor y al destaparse te daba frío...; pero mucho me temo que la destemplanza no es lo único que impide parar a mi cerebro. Puse "Pretty woman" pensando que me dormiría enseguida, pero no. Lo que ha pasado es que a pocos minutos del final HBO ha dejado de funcionar y entonces me he empezado a preguntar por qué me gusta tanto esa mierda de película (y que nadie se ofenda... o que se ofenda, lo mismo me da, qué coño, son más de las dos de la madrugada, paso de pedir disculpas por pensar que es un ascazo de película).
Me cuesta estar lo bastante cansada por las noches cuando los días son extraños. Desperté ya con un humor de perros... quise arreglarlo por la noche cenando con mi hijo hamburguesas en el balcón. Tropecé, la mesita se volcó y tiró uno de los platos y un tenedor. ¡A tomar por culo las hamburguesas!... bajé a pedir disculpas y a comprobar que a nadie le había salpicado el tomate o se le había clavado un trozo de plato en el ojo o algo así. Unos aceptaron con más amabilidad que otros mis disculpas. Lo entiendo. Debe ser acojonante que lluevan hamburguesas con plato y todo mientras desplazas a tu padre muy enfermo en su silla de ruedas.
El hombre enfermo en cuestión es un vecino al que le tengo muchísimo cariño. Mi hijo no lo había reconocido y se extrañaba de que le cogiera la mano y le mirara de esa manera. El cáncer es una mierda. Cuando le dije a mi hijo quién era el hombre que estaba en la silla de ruedas se apenó muchísimo, no probó bocado y se fue a su cuarto sin apenas hablar. Y después fue cuando yo decidí irme también a la cama pronto y acabé dando tantas vueltas en la cama y en mi propia cabeza que me desvelé del todo.
A lo mejor Pretty Woman gusta tanto a la gente porque supone una salida mágica y fácil a una situación difícil. Pero lo cierto es que Vivian nunca hubiera conocido a su príncipe súper-rico, guapo, simpático e interesante si no hubiera sido puta. Y no creo que ser puta sea algo fácil.
Luego sentí cómo me estaban comiendo viva los mosquitos. Me pica hasta el higadillo.
Pasé de seguir dando vueltas a la cabeza y dejar de preguntarme qué estoy haciendo mal, cuál será el siguiente paso a dar para intentar salir de ésta y pasé también de sentirme culpable por todas las veces que la he cagado en la vida. A fin de cuentas, nunca sabremos qué hubiera sido de nosotros si hubiéramos tomado cualquier otra decisión. Las películas de viajes en el tiempo han hecho mucho daño... casi tanto como Walt Disney y los cuentos de hadas.
Hoy el día se resolvió pacíficamente.
No es bueno mirarse tanto el ombligo. Una siempre se percibe más gorda si se mira el ombligo.
Eso de "levantar cabeza" cobra pleno sentido cuando una es consciente de que la postura y estado de ánimo se alimentan mutuamente. Por eso siempre digo que para salir del "abajo-hacia adentro" hay que levantar la frente y mirar hacia afuera.
He tenido demasiada instropección por hoy.
Cuando era joven y necesitaba respuestas solía abrir un libro cualquiera por la mitad y leer la primera frase en la que se fijaran mis ojos....
voy a probar: "hago voto de no matar a ningún ser vivo"... no, si ahora encima me voy a tener que volver vegana.
¡A las buenas noches!
sábado, 12 de mayo de 2018
Todas las noches son perfectas
Me apeteció salir a pasear de noche. Aunque no era muy tarde, ya me crucé con cinco borrachos en menos de dos manzanas. Todo está tranquilo. Por el camino, mi hijo y yo charlábamos sobre el burundanga y sus efectos, cómo se ha convertido en el terror de Colombia y las formas en que se usa. Mi hijo tiene 11 años... de vez en cuando me paro a pensarlo y se me ponen los pelos como escarpias. No recuerdo de qué hablaba con mi madre cuando tenía esa edad, pero estoy convencida de que no sentía tanta inquietud por los temas de actualidad.
Todas las noches, cuando mi hijo al fin se calma y se duerme, me gusta fumar un pitillo a la luz de la pantalla, abrir la ventana, beberme un colacao y dejar divagar a esta mente hasta que se me empiezan a cerrar los ojitos: el momento perfecto para lavarse los dientes e irse a dormir. Hace mucho descubrí que escribir es la única forma de desacelerar la máquina de mi cerebro. Escribir me ayuda a pensar más despacio, a llamar al sueño, a zafarme de la angustia de mis días pasados y la de los días que están por venir.
A mí dormir me encanta. Me gusta tanto que prefiero repartir ese placer en 2-3 veces a lo largo de las escasas 24 horas que dura un día. Cuando me lo puedo permitir duermo cinco horas de noche, una por la mañana y dos por la tarde. Si como cuando tengo hambre, duermo cuando tengo sueño y trabajo cuando tengo ganas, he encontrado el Paraíso en la Tierra; pero claro, para que eso suceda hace falta trabajar muy poco o que tu trabajo realmente te encante.
Una vez dije que si me tocaba una de estas loterías que te hacen rica a ti y a tus futuras generaciones yo seguiría viviendo lo mismo, pero sin apuros. Que yo no dejaría de trabajar por nada del mundo, aunque no me hiciera falta. No me creyeron... a veces me pasa; de hecho me pasa a menudo eso de que no me crean a pesar de que mentir no es una de mis costumbres. He perdido mucho tiempo de mi vida justificándome, tratando de defender "mi inocencia". Ya no me esfuerzo tanto en demostrarlo. A fin de cuentas, en el país que me ha tocado vivir, los ricos se hacen de oro. Y yo soy pobre de necesidad. Así que... a mí plin. A lo que iba. No me creían cuando decía que trabajaría toda mi vida. Y aunque sigo manteniendo esa filosofía, ahora entiendo que no me creyeran. Cada vez más se concibe el trabajo como una necesidad. Algo que hacemos para obtener unos beneficios... y cada vez más algo que hacemos para no padecer penurias.
Me siento afortunada porque mi trabajo me encanta. Pero a veces también me irrita saber que aceptaría algo odioso con tal de garantizar el pago mensual de lo más básico. Por suerte para mí, lo básico no significa mucho: para muchas personas son básicas unas vacaciones en el extranjero o una crema cara para la cara (fijate una que robó cremas y ha tenido que dimitir... total, no es tan malo teniendo en cuenta que va a seguir cobrando un sueldazo en un puestazo; desde luego da gusto robar así)...
Esta noche me está resultando especialmente hermosa. No he visto ni luna ni estrellas; me voy a dormir con la agenda de mañana repleta de tareas urgentes e importantes. Pero es bonita. Supongo que a cierta hora, cuando una siente el peso del sueño sobre los hombros y se resigna al "mañana será otro día", ser consciente de que a una le esperan unas cuantas horas de inconsciencia e ignorancia absoluta, con la boca entreabierta babeando la almohada y ya no importa nada, absolutamente nada. No hay preocupación ni deseo lo bastante importante como para no poder esperar un poco más... me acabo de acordar que tengo un cupón de la ONCE de ayer y a lo mejor soy rica y no me he enterado. Pero lo apunto en la agenda "once"... ya si eso lo miro mañana.
Ahora es el momento perfecto para levantarse e ir a dormir...un poco más tarde sentiría pereza de lavarme los dientes... unos minutos más me dormirían en la silla. Y esto pasa casi todas las noches. Y cuando pasa todas las noches son perfectas.
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